sábado, abril 19, 2008

Mi Hija Isidora




Cuando un hijo enferma de un síndrome desconocido y raro y se franquea el umbral hospitalario se abandona todo, se pierde la identidad. Se olvida la profesión y también el nombre, pero nunca se deja de ser padres en mayúsculas.»
Pero no todo son lamentos. Son los propios niños quienes alientan a los padres y les dan fuerza para adentrarse en este mundo desconocido. Un mundo poblado de gestos nuevos, de miradas tiernas, cómplices, de apoyo y amparo. Un mundo capaz de generar un inmenso engranaje solidario que abarca mucho más allá de los límites hospitalarios: familiares, amigos,payasos, fundaciones... unidos por un profundo vínculo: la lucha por la vida.
Aquí los rostros son una geografía inmensa de emociones que se despliegan abiertamente y muestran el combate feroz que se está librando. Se aprende a recuperar la alegría, a volver a reír, a vivir de nuevo.

Esta es una la larga travesía que supuso la enfermedad de nuestra hija de tres años desde que la enfermedad transformó por completo su vida y la de toda nuestra familia.
Para muchos un desconocido mundo el hijos que entran y salen de hospitales
Un mundo donde el dolor es a menudo superado por el enorme potencial del amor.

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